¿Para que sirve la postura del cliente en terapia?

¿Cómo persuades a tu paciente? ¿Cómo intentas acoplarte a su forma de entender la vida? ¿Qué preguntas o qué haces para descubrir su postura? ¿Cómo te relacionas con cada uno de tus pacientes? ¿Trabajas con la postura del paciente? Para nosotras este aspecto es imprescindible.


Por postura nos referimos a sus valores, creencias y prioridades que determinan su inclinación, y como terapeutas, nos muestra cómo enmarcar las intervenciones más eficazmente, evitando la resistencia. Al contrario, podemos entrar acopladas a su forma de entender la vida y el problema. Para conocer la postura del cliente es fundamental escuchar sus palabras exactas, cómo formula cada frase, incluyendo el tono y énfasis utilizado. Cuando narra su problema se pueden identificar sus creencias no solamente sobre este, también sobre la terapia y el terapeuta. Estas nos mostrarán las posibles causas de su problema y las posibles formas para resolverlo. Por ejemplo, sobre la conducta problemática de un hijo adolescente, sus padres podrían verlo como “enfermo” o como “malo” según sus creencias, de esta forma, la estrategia terapéutica será diferente en ambos casos.


La postura del paciente también nos va a mostrar si la queja es un problema grave y por lo tanto debe ser modificado con urgencia, o si lo considera como una inquietud que no lo beneficia, sin embargo, no es de “vida o muerte”. Esta última postura es característica de quienes han sido enviados por terceros. En cuanto a la solución del problema, nos muestra quienes mantienen una postura pesimista y quienes mantienen una expectativa más optimista. Por último, es importante indagar en las creencias que tiene el consultante sobre sí mismo ya que esto sumado a sus creencias en relación al problema se extenderán sobre el resto del tratamiento.



En relación a la terapia en sí misma, se pueden identificar tres tipos de posturas principales:

  1. Quienes se ubican como receptores pasivos

  2. Quienes toman activamente la terapia dejando al terapeuta en posición pasiva

  3. Quienes mantienen una postura activa y responsable en reciprocidad con el terapeuta

Una vez que tenemos esta información, la evaluamos y utilizamos tanto para lograr la colaboración del cliente en las sugerencias realizadas como en la elección de lo que diremos para evitar resistencias.


Algunas preguntas que nos ayudan a recopilar esta información son:

a. ¿Cuáles son las creencias más arraigadas que tiene el cliente sobre el problema y sobre cómo éste puede ser resuelto?

b. ¿Cómo se explica que el problema se presente y persista de la manera que lo hace?

c. ¿El paciente/cliente tiene algún control sobre si el problema aparece o no?

d. ¿Qué cree el paciente que podemos hacer en terapia para empezar a generar avances en la dirección correcta?

Preguntar al paciente:

e. Dame tu mejor teoría sobre por qué el problema existe

f. ¿Tienes alguna idea de por qué el problema se sigue repitiendo?

g. ¿La persona “problemática” es vista como enferma o mala?

h. ¿Crees que lo hace a propósito?

i. Crees que él/ella tiene el control sobre ............. (situación problema)

j. ¿Cómo te explicas el surgimiento y persistencia del problema en la forma que actualmente tiene?

k. ¿Tienes tu/él/ella algún control para que el problema ocurra o no?

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