MI paciente recayó, ¿no hay avances en la terapia?

FALSO, sin embargo, es algo que aparece bastante en las supervisiones. ¿Cuántas veces tte ha pasado que tu paciente “retrocede” y sientes que entonces tu proceso de terapia no está avanzando? O ¡incluso que no ha servido de nada! ¡¡a veces nos ponemos catastróficas también!!


La verdad que más que ser un error, tiene que ver con cómo entiendes una recaída y cómo estas “posicionandola” dentro del cuadro completo. Debemos recordar que, durante el periodo de término de una terapia, uno de los aspectos que empieza a suceder son las posibles recaidas. Estas son esperables, normales e, incluso, deseables para aprender de ellas y reforzar el cambio. Incluso las prescribimos, es decir, buscamos disminuir los posibles esfuerzos del consultante por no cometer un solo error, lo cual lo puede llevar a caer en los viejos intentos de solución que anteriormente mantenían el problema, para entonces afinar el plan de acción y descubrir qué conductas alternativas pueden ser útiles en dichos momentos.


Al entenderlas como esperables y planteárselas de esta forma al paciente, permite que cuando esta ocurra, la persona tendrá la posibilidad de tolerarla mejor, en la medida que la signifique como parte de la mejoría.



Lo que si es importante es saber qué hacer con estas recaídas y como “sacarles el jugo” para que efectivamente sean parte de la mejoría del proceso. Primero que nada, como terapeuta se sugiere mantener una postura optimista y no paralizarse con el pesimismo del paciente luego de una recaída. Si esperamos que el consultante vuelva rápidamente a la carrera, nuestra expectativa de cambio tendrá un impacto positivo en su comportamiento e inyectará esperanza. Esta misma actitud como terapeuta empodera al paciente a volver a intenta rápidamente volver al funcionamiento sano.


A continuación, dejamos algunas preguntas para sacar el máximo aprendizaje a estas experiencias más ingratas:

  • ¿Cómo te las arreglaste para no volver a cortarte el resto de los días de la semana después de tu recaída del lunes?

  • ¿Qué te dijiste a ti mismo/a o qué hiciste que fue de ayuda para que volvieras a ponerte en camino rápidamente?

  • Después de la recaída, ¿tus padres hicieron algo diferente que tú hayas encontrado de utilidad?

  • ¿Qué tuvo de diferente esta recaída de las otras?

  • ¿Qué has aprendido de esta recaída que inmediatamente pondrás en práctica?

  • ¿Qué necesitas hacer más para mantenerte en esta línea?

  • ¿Qué diría tu (padre/madre/abuela/psiquiatra) que tú necesitas hacer más para que te sea más fácil mantenerte bien?

  • ¿Qué has aprendido o descubierto a partir de esta recaída que es importante mirar?

  • ¿Qué pensamientos o acciones te ayudan para volver al centro?

  • ¿Con qué recursos cuentas para hacerle frente a la recaída?

  • Hacer un tipo de simulacro u operación Deyse o plan Cooper, en el sentido de practicar cómo trabajarán juntos los distintos actores (paciente, familia, contexto) para intervenir tempranamente en la prevención de las recaídas que parecen estar por ocurrir, así como también practicar qué pasos dará cada uno para manejar constructivamente la recaída una vez que esta ocurre.

  • ¿Qué pasos tendrías que dar para impedir una reincidencia importante?

  • ¿Qué te dirías a ti mismo para ayudarte a rápidamente volver a la buena senda?

Entonces la invitación es a entender la recaída como parte de un proceso efectivo, cuyo propósito es su fuente de aprendizaje y es nuestra labor preparar a nuestros pacientes a saber qué hacer y cómo, cuando esta ocurra, y aprender de la misma experiencia.


¿Cómo trabajas tú la recaída en tus procesos clínicos? ¿Cómo logras que sucedan esas instancias?



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