Guía de autocompasión para el terapeuta
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Esta guía de autocompasión para el terapeuta propone un recorrido reflexivo y práctico para quienes acompañan el sufrimiento desde la clínica. A partir del enfoque de mente compasiva desarrollado por Paul Gilbert, vamos a explorar porqué la autocompasión es una competencia clínica esencial, cuales son sus pilares fundamentales y como el cultivo de esta impacta directamente en la empatía, la presencia terapéutica y la ética del cuidado profesional. Entonces la autocompasión se presenta aquí como una base necesaria para sostener la práctica más humana, consciente y sostenible en el tiempo.
Paul Gilbert, autor de Mente Compasiva, define a la compasión como “una forma de bondad elemental que incluye el profundo reconocimiento del sufrimiento de uno mismo y de los demás seres vivos que se acompaña del deseo y del esfuerzo por aliviarlo”.

¿Por qué autocompasión en la práctica clínica?
El ejercicio de la psicoterapia implica una exposición constante al sufrimiento humano. Esta cercanía, aunque profundamente significativa, puede generar desgaste emocional, autoexigencia excesiva y una tendencia a invalidar las propias necesidades del terapeuta. La autocompasión no es un lujo ni una indulgencia, sino una competencia clínica esencial que sostiene la presencia terapéutica, la empatía y el cuidado ético del vínculo.
Los tres pilares de la autocompasión en el terapeuta
a) Bondad hacia uno mismo
Implica relacionarnos con nuestras dificultades clínicas, errores o límites desde una actitud amable y comprensiva, en lugar de la crítica severa. Ser autocompasivos no significa bajar estándares, sino humanizar la experiencia profesional. “Apreciar nuestras virtudes es, en realidad, una expresión de gratitud por todo lo que nos ha moldeado como individuos y como especie.”
b) Humanidad compartida
El terapeuta también sufre, se cansa, duda y se equivoca. Reconocer esto nos devuelve al plano humano y reduce la ilusión de separación respecto a nuestros consultantes. La humanidad compartida nos recuerda que no estamos fallando por sufrir, estamos participando de la condición humana.
William James lo expresa con claridad: “El principio más profundo de la naturaleza humana es el anhelo de ser apreciado.” La autocompasión permite satisfacer esta necesidad desde dentro, sin depender exclusivamente de la validación externa.
c) Mindfulness
Mindfulness implica la capacidad de observar nuestras experiencias internas (emociones, pensamientos, sensaciones corporales) sin sobre identificarnos con ellas ni evitarlas. En el terapeuta, esta habilidad permite reconocer señales tempranas de sobrecarga emocional, fatiga por compasión o desconexión clínica.
La compasión hacia uno mismo surge cuando aplicamos bondad, humanidad común y mindfulness al propio sufrimiento.
Autocompasión y empatía clínica
La investigación en mindfulness y psicoterapia muestra que el cultivo de la autocompasión no disminuye la empatía, sino que la vuelve más sostenible. Cuando el terapeuta se trata con dureza, tiende a cerrar su sensibilidad como mecanismo defensivo. En cambio, la autocompasión amplía la capacidad de permanecer abierto al dolor del otro sin desbordarse.
Desde esta perspectiva, prácticas como la alegría empática (mudita) también cumplen un rol protector: alegrarnos genuinamente por los avances y recursos de nuestros pacientes fortalece el bienestar del terapeuta y el sentido del trabajo clínico.
Autocompasión como ética del cuidado profesional
Practicar autocompasión es un acto de responsabilidad clínica. Un terapeuta que se reconoce como parte de un todo, interdependiente y limitado, puede sostener una práctica más humilde, ética y encarnada.
Como señala Thich Nhat Hanh: “Eres una manifestación maravillosa; todo el universo se ha unido para hacer posible tu existencia.” Recordar esto en la práctica cotidiana ayuda a resignificar el cansancio, la duda y la imperfección como partes legítimas del camino terapéutico.
La autocompasión entonces no debilita al terapeuta: lo vuelve más presente, más humano y disponible. Cultivarla es una forma profunda es honrar tanto al paciente como a uno mismo.
Te invito a practicar la autocompasión, ¿cómo?
Detente brevemente entre sesiones para reconocer el propio estado interno.
Nombra con amabilidad emociones difíciles sin juicio (“esto es cansancio”, “esto es tristeza”).
Practica frases internas de validación: “esto es difícil y no estoy solo/a en experimentarlo”.
Incluye prácticas formales de mindfulness y autocompasión como autocuidado profesional, no solo como técnica para pacientes.
Haz un listado de 10 cualidades que tengas como terapeuta y persona. Observa al momento de escribir cuales son las emociones que surgen. Comprueba si eres capaz de reconocer y disfrutar estas cosas de ti mismo/a, aceptándolos con sinceridad y sin juzgarte.
María José Cuevas C.
Psicóloga clínica adolescentes y adultos
Fundadora de Arkum, centro de terapias y mindfulness
Febrero, 2026
Bibliografía:
Hick, S. Bien, T. (2010) Mindfulness y psicoterapia. Editorial Kairos.
Neff, K., (2016). Sé amable contigo mismo. Ediciones Paidós.
Neff, K. (2022). Autocompasión fiera. Ediciones Paidós.
Stoewsand, c. (2021) Comunicación compasiva. Ediciones Tres Olas

























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