Acotar para intervenir: la importancia de co-construir problemas trabajables en la consulta
- Anita Ovalle

- hace 2 días
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En nuestro quehacer clínico es frecuente recibir personas que llegan a consultar con una multiplicidad de problemas, malestares y situaciones que desean resolver de manera simultánea. En otras ocasiones, frente al sufrimiento evidente del consultante, como terapeutas podemos sentir la tentación de abarcar muchos temas a la vez, con la intención de aliviar su malestar lo antes posible. Sin embargo, la práctica demuestra que el intentar trabajar sobre varios focos/temas a la vez resulta ser poco eficiente e, incluso, dañino ya que más que remoralizar, construimos una nueva posibilidad para frustrarse y sentir que la situación no tiene arreglo, confirmando nuevamente que lo que intenta no resulta.
Tal como dice el dicho “el que mucho abarca, poco aprieta”, en la clínica pasa lo mismo, lo que implica necesariamente delimitar, priorizar y focalizar, con el fin de evitar generar expectativas irreales y, posteriormente, insatisfacción con el proceso terapéutico.
Entonces una de las primeras cosas que necesitamos hacer es mirar las expectativas que tiene el paciente respecto a la terapia y del terapeuta. Parte de nuestra responsabilidad clínica consiste en ajustar dichas expectativas a las posibilidades reales del encuadre terapéutico, siendo claros respecto al tipo de tratamiento que podemos ofrecer.

Ahora bien, las personas no solo traen problemas a resolver; traen también una forma particular de comprenderlos. Si como terapeutas aceptamos la definición del problema exactamente tal como nos es presentada, tenemos la posibilidad de acoplarnos, recoger su narrativa, validarla y, desde ahí, resignificarla, ya que al sentirse comprendido, aumenta las posibilidades de ser persuadido.
Asi es como el proceso de co-construcción del problema tiene dos objetivos centrales. Por un lado, definir un foco de trabajo claro y abordable; y por otro, abrir nuevas posibilidades de comprensión y solución que antes no estaban disponibles para el consultante. Un primer paso fundamental en este proceso consiste en discriminar si aquello que el paciente presenta como queja corresponde efectivamente a un motivo de consulta psicológico, trabajable y medible en el tiempo. Así, lo que inicialmente puede presentarse como un difuso “estoy deprimido”, puede, a través del trabajo clínico, transformarse en algo más específico y abordable, como “tengo dificultades para enfrentar a mi jefe y pedir un aumento de sueldo”. Este tránsito desde una queja amplia hacia un problema delimitado no es un mero ajuste conceptual, es una intervención clínica en sí misma.
El solo hecho de acotar el problema genera cambios relevantes en el consultante. Su dificultad comienza a percibirse como algo posible de abordar, lo que incrementa la sensación de autoeficacia y la esperanza de cambio; en el fondo, el paciente se remoraliza frente su situación. En este sentido, la intervención de delimitar el problema forma parte del proceso diagnóstico y cumple una función terapéutica desde las primeras sesiones.
Algunas preguntas que pueden facilitar la co-construcción de problemas trabajables son:
¿Qué de todo esto es un problema para ti?
¿Cómo esto se ha convertido en un problema en tu vida?
¿Con qué frecuencia ocurre esta situación?
¿Qué has dejado de hacer a causa de este problema?
Si este problema no existiera, ¿qué sería distinto en tu vida?
De todo lo que me has contado, ¿en qué te puedo ayudar específicamente?
Considerando que contamos con un número limitado de sesiones, ¿qué te gustaría llevarte al término de este proceso?
Estas preguntas no solo ordenan la intervención, sino que invitan al consultante a posicionarse de manera más activa frente a su proceso terapéutico. Acotar no es reducir la complejidad del sufrimiento humano, sino hacerlo trabajable, devolviéndole al consultante la posibilidad de agencia y cambio.
Y tú ¿como ordenas y diriges tus tratamientos?
Ps. Anita Ovalle M.
Febrero 2026

























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