¿A quién citar, por qué y cómo hacerlo?

Es fundamental tener presente que una de las primeras intervenciones que realizamos cuando nos llaman para agendar una hora es la decisión de a quién citar. ¿Cómo lo definimos? Tomando en consideración 3 variables que nos guían en identificar el sistema consultante:

  1. ¿Quién está motivado?

  2. ¿Quién tiene el poder de cambio?

  3. ¿Quién tiene el problema?

Claramente cuando la persona que nos llama reúne las tres características, no es compleja la decisión, y sabemos que es la persona adecuada a citar. Además podemos preguntarle si hay alguien más que esté preocupado por este asunto, y si lo hay, podemos tenerlo en consideración para citarlo en un futuro ya que seguramente va a estar dispuesto a cooperar, y sobre todo, si tiene “poder” sobre el consultante.


Ahora bien, qué pasa cuando la situación es distinta y tenemos al teléfono una madre que nos llama con la expectativa de que la terapia sea dirigida a su hija de 5 años o a su hijo adolescente, o cuándo existen problemas de pareja, o cuándo un hijo quiere que su madre consulte, es decir, cuando la persona al teléfono llama preocupado por un otro y quiere que esa persona sea la atendida, ya que ellos consideran que no son parte del problema por lo tanto tampoco de la solución.


A continuación compartiremos qué aspectos evaluar en las diferentes situaciones:

En el caso de hijos adolescentes es importante preguntar si están motivados a tomar la ayuda. Si lo están, es necesario citar a los padres al menos a la primera sesión cuando son menores de edad, además de ser quienes manifiestan poder de cambio (son quienes pagan) y tienen el problema. Ocurre a veces que son los padres quienes están realmente aproblemados y no sus hijos. Lo anterior se puede observar en problemas como “no nos respeta” o “está cerrado a escuchar”. Aquí es fundamental incluir a los padres mostrándoles que el problema es interaccional e indagar qué hacen ellos para intentar ser respetados o para que su hijo “se abra”. Muchas veces los intentos de solución de los padres acentúan el problema. Por ejemplo, si el hijo está cerrado, sus padres pueden preguntarle insistentemente qué le sucede, lo que puede provocar que se cierre más aún. La idea es cambiar la estrategia que actualmente utilizan los padres porque ha demostrado no ser efectiva, e involucrarlos como actores principales en la construcción de la solución.Muchas veces basta con capacitarlos en cómo dirigirse a su hijo adolescente, cómo negociar y cómo reestablecer la comunicación. Definida así la solución, no resulta necesario en todos los casos que el adolescente asista.


Lo mismo ocurre en el caso de los niños. Los padres pueden consultar pensando que es necesario que su hijo asista, sin embargo desde una visión sistémica si los padres cambian, esto tendrá efectos en el niño. Pueden por ejemplo, plantearnos que “el niño no obedece” pero si miramos el otro lado del asunto podemos ver que los padres no están pudiendo establecer reglas y límites de modo efectivo. Al mejorar los padres este aspecto necesariamente habrá un cambio en el hijo y, dado que los padres son quienes están aproblemados y quieren que la situación cambie, trabajamos con ellos. ¿Qué hacer si los padres insisten en que veamos a su hijo? En estos casos podemos:

  • Empoderar a los padres como las personas que mejor conocen a su hijo, ellos son los “expertos en sus hijos” por lo tanto es util trabajar con ellos en la consulta.

  • Mostrarles que la manera más efectiva de ayudar a su hijo es a través de ellos: les ofrecemos capacitarlos para que luego de terminada la terapia puedan continuar ayudando a su hijo. Podemos apoyar esto con evidencia: ¿cuántas veces te ha pasado que has hecho algo distinto y ha cambiado la dinámica con otra persona?

  • Validarlos: es importante hacer lo anterior desde la validación de su preocupación como padres, mostrándoles sus recursos.

  • Cuidar la exposición de los niños: llevar a un niño a una sesión es exponerlo a una situación desconocida que puede no ser agradable para él y tampoco necesaria.

En ocasiones sí parece necesario que los niños obtengan ayuda y apoyo, sin embargo es importante reflexionar antes para qué los citemos y si podríamos obtener resultados similares sin exponerlos.


En el caso de problemáticas de parejas, es relevante indagar si el otro quiere asistir a terapia o no. Si no quiere, entonces citamos al que está aproblemado, tiene motivación para trabajar en aquello y suficiente poder de cambio. Ahora bien, si ambos buscan ayuda, entones los invitamos a los dos a sesión. A continuación algunas sugerencias para definir a quién citar en estos casos:

  1. Indagar antes de citar: ¿tú pareja sabe que quieres iniciar una terapia?, ¿está interesada/o en asistir? Podemos explicarle la importancia de trabajar con personas motivadas y que es posible lograr avances trabajando sólo con la persona que llamó, siendo esto incluso más efectivo que trabajar con alguien que no quiere hacerlo.

  2. Si la persona aún no ha hablado con su pareja cuando llama para pedir una hora podemos sugerirle que lo haga invitándola y no imponiéndole que asista.

  3. Luego de lo anterior, es importante decirle que nos avise si asistirá solo o con su pareja para poder preparar de manera óptima nuestra sesión.

A pesar de dar la indicación anterior pueden presentarse sorpresas, por lo que te sugerimos estar preparada para distintos escenarios.


Cuando la expectativa de quien llama es que otro sea citado en vez o además de él, más que imponerle nuestra visión debemos lograr “envolverla para regalo”. Es importante considerar que estas decisiones son clínicas y apunta al bienestar de nuestros consultantes.

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