¿Qué pasa cuando el experto en ayudar a otros se siente derrumbado?

Como psicólogas clínicas vivimos con algunas exigencias y expectativas no del todo asertivas que responden a demandas impuestas tanto por nosotras mismas como por nuestro entorno. Por ejemplo se espera que el psicólogo sepa que hacer y cómo enfrentar las adversidades en la vida, manejar sus dificultades, tener comportamientos y pensamientos asertivos frente distintas situaciones. Sin embargo, somos seres humanos como cualquier otro, con la diferencia que las psicólogas clínicas nos dedicamos a estudiar cómo ayudar a otros frente a diversas dificultades o trastornos psicológicos. Por ejemplo, podemos ser expertas en cuadros ansiosos o anímicos, entonces parece paradójico que uno mismo pueda cursar uno de los anteriores. Sin embargo, ¿puede un oncólogo tener cáncer? ¡Irónicamente sí! Entonces ¿puede un psicólogo deprimirse? Paradójicamente también.


¿Porque nos detenemos en esto? Nos parece importante, sobre todo en estos últimos meses en que hemos vivenciado cambios sociales, una pandemia que ha puesto en riesgo la integridad física y psíquica de nuestra población, poder detenernos y bajar las exigencias autoimpuestas sobre nosotras mismas.


Entonces empecemos por darnos cuenta que somos seres humanos igual que el resto y, como postula el mindfulness y compasión, la humanidad comparte las características de ser seres vulnerables, lejos de la perfección, expuestos al sufrimiento y dolor tanto físico como psicológico.


Dicho lo anterior, quisiéramos refrescar algunas recomendaciones que seguro ya han escuchado, sin embargo las invitamos a que se den el permiso de aplicarlo con ustedes mismas, sobre todo teniendo presente que para poder ayudar a otro y guiar procesos terapéuticos efectivos necesitamos hacernos cargo de nosotras mismas primero:

  • Es importante asumir o aceptar la idea que uno está frente a un problema. Es decir, dejar de negarlo, diciendo “no, no pasa nada”, “esto a mi no me importa”. Recordemos que cuando tomamos consciencia de que somos parte del problema, también podemos ser parte de la solución.

  • No minimizar, ni maximizar la situación. Cuando maximizamos la situación tendemos a tener pensamientos catastróficos como “esto es el fin del mundo”, “se fue todo a la punta del cerro”, “me voy a morir”. Al igual que cuando minimizamos nuestros problemas o logros, aunque nos duela mirar nuestra realidad, la única manera de enfrentarla y dejar de evitarla es pudiendo aceptar que aquello nos impacta y afecta de cierta manera.

  • Cuando nos encontramos vulnerables cursando dificultades, no es momento para tomar decisiones. Aunque seamos psicólogas clínicas, al estar muy afectadas por lo emocional, o sea, cuando nos encontramos en medio de la crisis, el desafío es navegarla de la manera que mejor puedo sin exigirme dar lo que siempre he sido capaz de dar. Es aconsejable dejar que pase el tiempo para poder pensar tranquilamente y tomar decisiones cuando tenemos una mayor perspectiva del problema que nos aqueja.

  • Pide ayuda, ya sea a otro profesional o busca apoyo entre tus seres querido. Cuando comunicamos a otros aquello que nos acongoja, podemos expresar nuestros sentimientos e inquietudes. Esto nos puede liberar de cierta carga emocional, y a la vez, dar la oportunidad a que otros nos ayuden y acompañen en dicho proceso. Recuerda no por ser psicóloga tienes que saber resolver sola todas tus dificultades emocionales.

  • Revisa tu agenda y pregúntate si te sientes apta para seguir atendiendo, en caso de no sentirte entonces cierra la consulta y retómala cuando ya te sientas más armada y lista para trabajar con otros nuevamente. Esto no te hace más frágil, al contrario, la fortaleza humana está en asumir nuestra vulnerabilidad.

  • Gestiona e intenciona las estrategias de autocuidado que tienes, y si no las tienes entonces es momento de ir a descubrirlas para incluirlas en tu rutina.

Es parte de la humanidad, sentirnos frágil al punto de no poder salir de la crisis con nuestros propios recursos, esto no te hace ser mejor o peor persona o terapeuta, la diferencia está en cómo enfrentas y manejas la resolución de tu inconveniente. Ahora bien, el aceptarlo y hacerte cargo de seguro de permitirá crecer como persona desarrollando más recursos y habilidades para ayudar a tus pacientes.

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