¿Perimenopausia o crisis personal? Una trampa clínica frecuente en la consulta
- 19 may
- 3 min de lectura
En la práctica clínica, no es raro encontrarse con mujeres que consultan por ansiedad, irritabilidad, insomnio, fatiga, dificultades cognitivas o una sensación difusa de "ya no ser las mismas". Muchas veces, estos malestares se interpretan rápidamente como cuadros exclusivamente psicológicos o psiquiátricos, dejando en segundo plano una variable decisiva: la transición neuroendocrina de la perimenopausia. Ese es justamente uno de los principales riesgos clínicos: diagnosticar solo desde el síntoma, sin considerar el momento vital y biológico que atraviesa la paciente.
Comprender la perimenopausia como una transición, y no como un declive, cambia profundamente la manera de acompañar. Desde una mirada clínica integradora, no se trata de reducir la experiencia a "hormonas" ni, por el contrario, de negarlas en nombre de una lectura puramente emocional. Se trata de reconocer que el sistema nervioso, el endocrino y el inmune funcionan de forma interdependiente, afectando el ánimo, la energía, el sueño, la regulación emocional y la capacidad cognitiva. Así, síntomas como la labilidad afectiva, la niebla mental o el aumento de la ansiedad no deben leerse automáticamente como fragilidad psíquica, sino como expresiones posibles de un proceso neurobiológico complejo.

Desde esta perspectiva, la clínica exige una "teoría en acción". La perimenopausia implica una baja progresiva de la reserva ovárica y una oscilación hormonal que impacta especialmente la testosterona, el estradiol y la progesterona. Estos cambios no solo afectan la dimensión reproductiva, sino también funciones cerebrales y metabólicas relevantes. El estrógeno, por ejemplo, participa en procesos vinculados a la energía celular, la cognición y la neuroprotección; su descenso puede repercutir en la memoria de trabajo, el sueño, la capacidad de concentración y el estado de ánimo. A su vez, la progesterona tiene un papel importante en la modulación de la ansiedad, lo que ayuda a comprender por qué muchas pacientes describen esta etapa como una especie de "síndrome premenstrual eterno".
En este escenario, el cuerpo del trabajo terapéutico requiere intervenciones concretas. Una primera tarea es validar la experiencia de la paciente: no minimizar, no patologizar de inmediato, no asumir exageración. Una segunda tarea consiste en ampliar la evaluación clínica. Algunas preguntas orientadoras pueden ser:
¿Qué cambios corporales ha notado en el último tiempo?
¿Cómo está durmiendo?
¿Qué ha pasado con su energía, su deseo, su memoria o su tolerancia al estrés?
¿Qué parte de su malestar podría estar asociada a esta transición y no únicamente a un trastorno psicológico?
Estas preguntas permiten transformar quejas difusas en focos clínicos abordables.
También es fundamental acompañar a la paciente en la construcción de nuevas estrategias de afrontamiento. No siempre es posible transitar esta etapa con las mismas herramientas que fueron útiles a los 30 o 40 años. La relación con el cuerpo necesita volverse más compasiva y menos exigente. En términos prácticos, esto incluye psicoeducación, evaluación interdisciplinaria cuando corresponda y promoción de hábitos que favorezcan la adaptación: ejercicio físico, alimentación con adecuado aporte proteico, cuidado del sueño y revisión médica sobre posibles tratamientos, incluida la terapia hormonal de reemplazo en quienes sean candidatas.

Este enfoque también interpela al terapeuta. Trabajar con perimenopausia exige revisar nuestros propios sesgos diagnósticos y tolerar una mirada más compleja del sufrimiento humano. Supone no quedar atrapados ni en el reduccionismo biológico ni en el reduccionismo psicológico. Además, demanda autocuidado profesional: pensar con otros, supervisar, detenerse, afinar la escucha y sostener presencia genuina ante procesos que muchas veces llegan cargados de deslegitimación previa.
Tal vez la pregunta final no sea solo qué le pasa a esta paciente, sino desde dónde estoy mirando eso que le pasa. La perimenopausia, entendida como transición neuroendocrina, nos invita a una clínica más sensible, más rigurosa y más humana. Quizás ahí radique el verdadero desafío: aprender a escuchar el síntoma sin desconectarlo del cuerpo, de la historia y del momento vital en que emerge.
Ps Anita Ovalle M.
Junio 2026
Fuente: Articulo basado en la síntesis clínica sobre perimenopausia y salud mental dictado por la Psiquiatra Pilar Del Rio.






















Comentarios