Derivar también es cuidar: la importancia clínica y ética de una buena derivación terapéutica
- hace 6 días
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En la práctica clínica, una de las habilidades menos conversadas, pero no por eso poco relevante, es la capacidad de reconocer cuándo una derivación es necesaria. En un contexto donde muchos profesionales sienten la presión de “poder abordar todo”, hablar de derivación clínica no siempre resulta cómodo. Sin embargo, derivar no implica fracasar terapéuticamente; por el contrario, muchas veces representa una de las decisiones más éticas, responsables y clínicas que podemos tomar.
La derivación psicológica forma parte de una práctica profesional madura. Supone reconocer los límites del propio encuadre, de la especialización, de la disponibilidad o incluso del momento vital del terapeuta. También implica comprender que el bienestar del paciente debe mantenerse siempre en el centro y foco del proceso terapéutico.

¿Cuándo es importante considerar una derivación?
Existen diversas razones por las cuales un psicólogo puede necesitar derivar a un consultante. Algunas veces ocurre porque el motivo de consulta requiere un abordaje específico que excede la formación o experiencia del profesional; en otras ocasiones, porque el paciente necesita una frecuencia de atención, modalidad terapéutica o intervención interdisciplinaria que el terapeuta no puede ofrecer.
También puede suceder que, tras las primeras entrevistas, el profesional identifique que no se está generando una alianza terapéutica suficientemente sólida, o que existen variables clínicas que hacen recomendable otro tipo de abordaje. En muchos casos, la derivación no solo beneficia al paciente: también protege la calidad del trabajo clínico y previene el desgaste profesional del terapeuta.
Se debe tener presente que una derivación efectiva no consiste simplemente en entregar el contacto de otro profesional. Requiere una evaluación cuidadosa, una comunicación clara y una comprensión profunda de las necesidades del consultante.
Algunos aspectos relevantes a considerar incluyen:
Las necesidades clínicas del paciente: la preentrevista telefónica o las primeras sesiones permiten explorar el motivo de consulta, el tipo de apoyo requerido y la pertinencia del abordaje.
La disponibilidad y encuadre del profesional: frecuencia de atención, modalidad online o presencial, horarios disponibles y experiencia clínica específica.
La complejidad del caso: algunos consultantes requieren intervención interdisciplinaria, especialización específica o dispositivos de mayor contención.
La adherencia terapéutica: derivar oportunamente puede favorecer una mejor vinculación terapéutica y aumentar la continuidad del proceso.
Cuando la derivación es realizada de manera responsable, el paciente suele percibirla como un acto de cuidado y preocupación genuina por su bienestar.

¿Cómo comunicar una derivación al consultante?
Uno de los momentos más delicados del proceso es explicar al consultante por qué se considera adecuado derivar. La forma en que esta conversación ocurre puede influir significativamente en cómo el paciente vivencia la experiencia.
Una comunicación clara, empática y transparente permite disminuir sentimientos de rechazo, abandono o frustración. Es importante transmitir que la derivación no significa que el paciente “no pueda ser ayudado”, sino que otro profesional podría ofrecer un encuadre más adecuado a sus necesidades actuales.
Desde una perspectiva clínica, la honestidad terapéutica fortalece el vínculo y modela una relación basada en límites saludables y responsabilidad profesional.
Aceptar que no todos los casos deben ser sostenidos por un mismo profesional no debilita la identidad clínica; la fortalece. La capacidad de derivar adecuadamente requiere criterio, formación, humildad profesional y compromiso con el bienestar del paciente.
En tiempos donde la salud mental exige intervenciones cada vez más especializadas y cuidadosas, construir redes de apoyo entre colegas y contar con espacios de supervisión clínica se vuelve esencial. Porque, finalmente, derivar también es cuidar.
Ps. Anita Ovalle M.
Junio 2026






















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