¿Qué es la mente de principiante y para qué nos sirve en psicoterapia?
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Mente de principiante…. ¿has escuchado este concepto? Probablemente sí, pero ¿realmente lo has integrado en tu vida, en tu práctica clínica?
Hoy nos detenemos en esta idea porque nos parece fundamental para poder trabajar en psicoterapia. Básicamente la “mente de principiante” se refiere a poder mirar con curiosidad, a no asumir información y, aunque parezca obvio lo que la otra persona me está contando, tener la capacidad de escuchar y observar como si fuera la primera vez que lo estoy escuchando, poder preguntar con un interés genuino por comprender lo que me están contando, comprender cómo esto es importante para la persona, cómo le impacta en su vida actualmente, o como ha impactado históricamente, incluso como piensa que va a impactar en su futuro. Es tener una mirada de niño/a, capacidad de realmente asombrarnos por lo que estamos descubriendo porque, realmente, no lo conocíamos.
Todas nosotras estamos influidas por nuestra historia, biología, crianza, educación, etc. y vivimos en una sociedad donde se valora en extremo la expertisse, donde la gente se presenta como “experto en…” y eso da un status. Por eso la mirada de principiante nos viene a hacer una invitación distinta, a dejar los juicios de lado y a indagar con curiosidad, a investigar como detectives confiando en el proceso, sin saber a qué conclusión nos va a llevar esta investigación.
En psicoterapia esto se hace imprescindible para no sacar conclusiones apresuradas, no caer en ideas preconcebidas y para ir construyendo junto a nuestros consultantes, creando un espacio en común.

Manuela O’Connell en su libro Una Vida Valiosa plantea siete pasos para desarrollar una mente de principiante:
1. Un camino de mil millas empieza con un solo paso. Los principiantes van un paso por vez, guiados por la experiencia y no por un designio prefijado. Cuando uno ya es un experto, se mueve de acuerdo a un plan determinado y es menos sensible a la experiencia. Cuando ya somos “expertos” no queda mucho por aprender, aquí la invitación es lo contrario, al ser principiante nos queda todo por descubrir.
2. Apreciar los errores. ¿Cuál es la diferencia entre una persona exitosa y el resto? Equivocarse más veces. Se trata de aprender y de mantener esta actitud abierta que nos permite sacar provecho de los errores, encontrarnos vulnerables y plenos como los niños. Equivocarse es útil, vamos aprendiendo desde la experiencia. Si no nos equivocamos, recorremos un camino “perfecto” y nos perdemos de muchísimos aprendizajes inesperados que nos entrega el hecho de ir probando y conociendo. Imaginemos en un viaje en una ciudad nueva, el perderse hace descubrir nuevos lugares y espacios, seguir el mapa al pie de la letra simplifica la experiencia, no la enriquece.
3. Accionar sin estar pendientes del resultado. Muchas veces estamos dispuestos a encontrarnos con lo que nos pasa solo si nos garantizan el resultado que deseamos. Parte de la mente de principiante y la curiosidad que conlleva implica aventurarse sin saber a qué puerto llegaremos. Es como un juego, lo importante es jugar y no el resultado obtenido, no hay donde llegar. Curiosear, perderse, ir con la experiencia, probar… esa ya es la meta, no un lugar donde llegar.
4. Sostener ligeramente los “tengo que”. No hay nada que nos aleje más de esa cualidad de curiosidad, apertura y juego que los arrasadores “tengo que”. Pensemos en cualquier cosa que nos guste mucho hacer y ahora repitámosla agregando “tengo que”. Por ejemplo, “tengo que irme de vacaciones”. ¿Como resulta? Son realmente aniquiladores. Por eso necesitamos aprender a sostener livianamente. Estamos repletos de “tengo que”, pon atención a tus pensamientos y comentarios, también a los de tus consultantes, y cada vez se hace más fácil identificarlos, entonces nos podemos preguntar “¿realmente ‘tengo que’…..?” y podemos comenzar a cambiarlo por “elijo hacer…”, “me gustaría…”

5. Probar cosas nuevas. Salirse del mapa mental, aventurarse, cultivar el asombro. La propuesta es comenzar a cultivar el asombro en cosas simples y cotidianas, por ejemplo ¿te has fijado en el color del cielo al atardecer? Acá te dejo una foto de cómo se veía esta semana desde mi calle. Como toda habilidad, esto se va entrenando, entonces podemos partir entrenando con lo que se nos haga más simple, para después aplicarlo en nuestro trabajo.
6. Confiar y entregarnos a la experiencia y no a lo que nos grita la mente. De esta manera damos lugar al “milagro”, a lo que se encuentra fuera de nuestros prejuicios. Cuando realmente estamos EN la experiencia, la mente pasa a un segundo plano, y los juicios también. Para entrenar esta habilidad, es muy útil meditar, hacer mindfulness en lo cotidiano, y también, hacer descripciones, sin juicio, solo descripciones de objetos, de personas, de situaciones.
7. Y finalmente lo que resume todo lo anterior: Curiosidad plena y consciente.
Entonces, ¿cómo vas a empezar a practicar esta semana tu mente de principiante? Comienza por algo, a medida que vamos practicando, se va haciendo cada vez más fácil y más integrado a tu práctica clínica.
Ps. Antonella Longo M.
Julio 2026
Fuente: Una vida valiosa, Manuela O’Connell (2018)






















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