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Autismo a lo largo del ciclo vital: claves para una práctica clínica actualizada - Parte II

  • hace 10 minutos
  • 3 min de lectura

En el artículo anterior abordamos las características del autismo a lo largo del ciclo vital y como entendemos que el autismo no constituye una enfermedad que deba "curarse", sino una forma legítima de diversidad humana. Cuya manifestación es una divergencia del neurodesarrollo, producto de múltiples factores biológicos y ambientales que influyen sobre el desarrollo del sistema nervioso desde etapas muy tempranas de la vida.


Este nuevo enfoque nos invita a abandonar la pregunta "¿cómo hacemos que esta persona se comporte como los demás?" para reemplazarla por una mucho más útil clínicamente: ¿qué necesita esta persona para desenvolverse mejor dentro de su contexto?


En el siguiente articulo queremos detenernos en como intervenir en estos casos y abordar ciertas recomendaciones prácticas para la consulta.


Las intervenciones actuales priorizan un enfoque individualizado, flexible y centrado en la funcionalidad. Más que intentar modificar características propias del neurotipo autista, resulta más útil preguntarnos:

  • ¿Qué habilidades evolutivas necesita fortalecer esta persona?

  • ¿Qué apoyos requiere para desenvolverse con mayor autonomía?

  • ¿Qué aspectos de su contexto están aumentando innecesariamente su malestar?


En población adulta, la evidencia ha mostrado resultados especialmente favorables con adaptaciones de la Terapia Dialéctico Conductual (DBT), particularmente para el trabajo en regulación emocional. Del mismo modo, las terapias de tercera generación, como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y las intervenciones basadas en mindfulness, ofrecen herramientas valiosas para mejorar la flexibilidad psicológica y disminuir el sufrimiento asociado a las demandas sociales.

Psicoterapia con personas TEA
Psicoterapia con personas TEA

Recomendaciones prácticas para la consulta

Existen pequeños ajustes clínicos que pueden marcar una gran diferencia en la experiencia terapéutica de una persona autista:

  • utilizar apoyos visuales y material concreto cuando sea necesario

  • privilegiar un lenguaje claro, directo y explícito

  • evitar metáforas o mensajes ambiguos

  • no asumir que la información fue comprendida: verificarla

  • estructurar las sesiones anticipando objetivos y tiempos

  • considerar aspectos ambientales como iluminación, ruidos o estímulos sensoriales

  • enfatizar el aprendizaje conductual y experiencial por sobre largas elaboraciones abstractas


Estas adaptaciones no solo facilitan el proceso terapéutico, sino que también fortalecen la alianza clínica y disminuyen la carga cognitiva del paciente.


La importancia del trabajo interdisciplinario

El acompañamiento psicológico rara vez constituye el único apoyo necesario. Las mejores intervenciones suelen desarrollarse dentro de equipos interdisciplinarios que integran psicología, psiquiatría, terapia ocupacional y fonoaudiología, abordando de manera coordinada aspectos relacionados con la salud mental, las relaciones interpersonales, la autonomía, el desempeño laboral y la calidad de vida.


Este trabajo adquiere especial relevancia si consideramos que aproximadamente el 80% de los adultos autistas presenta al menos una condición psiquiátrica concomitante, haciendo imprescindible una evaluación integral que permita diferenciar las dificultades propias del neurodesarrollo de otros trastornos asociados.


Una invitación a ampliar la mirada clínica

Comprender el autismo desde una perspectiva del ciclo vital implica reconocer que no existe una única forma de ser autista. Cada paciente presenta una combinación única de fortalezas, desafíos, recursos personales y condiciones contextuales.


Como psicólogas clínicas, nuestra tarea no consiste en normalizar la diferencia, sino en comprenderla. Cuando dejamos de centrar la intervención en "corregir" comportamientos y comenzamos a identificar qué necesita realmente esa persona para vivir una vida con mayor bienestar, autonomía y participación, nuestra práctica clínica se vuelve más humana, más efectiva y profundamente coherente con los avances actuales en neurodesarrollo.


El desafío no es cambiar a la persona autista, sino construir contextos terapéuticos capaces de comprenderla y acompañarla desde el respeto por su forma particular de habitar el mundo.

 

Ps. Anita Ovalle M.

Agosto 2026

 

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