¿Cómo gestionar las emociones?

Desde que hacemos psicoterapia hemos considerado y trabajado las emociones dentro de nuestros procesos terapéuticos, pero esta forma que nos propone Giorgio Nardone de abordar y gestionar las emociones nos hace tanto sentido que lo quisimos compartir contigo. Tal como plantea Nardone en su libro Emociones (2020), se ha demostrado que la expresión de las emociones no está mediada por la corteza cerebral, sino que se activa como reacción automática independiente de la voluntad consciente. En ocasiones se activa rápidamente, como en el caso del miedo, lo que nos permite reaccionar ante un estímulo amenazador en segundos. Otras veces es más lento y persistente en el tiempo, como en el caso del dolor provocado por un proceso de duelo.


Las emociones paralelamente producen efectos importantes en el componente racional y consciente. En otras palabras, las emociones juegan un papel sumamente relevante en nuestras vivencias llegando a determinar el tipo de experiencia que será. Recordemos que las emociones constituyen respuestas a estímulos percibidos y reconocidos, los cuales activan reacciones específicas, como el miedo frente un evento amenazador, la ira como respuesta a algo irritante, el sufrimiento como consecuencia de sensaciones dolorosas y el placer frente a situaciones desagradables. Es lo que nos salva la vida cuando conseguimos evitar un peligro, sin siquiera pensarlo, o cuando reencontramos el equilibrio al momento de caer. Por desgracia, también es lo que nos hace perder el control en un acceso de ira o nos hace incapaces de resistirnos al placer incluso cuando es dañino.


Debemos tener presente que las emociones pueden educarse y condicionarse, para bien o para mal, como mecanismo de adaptación que podemos moldear mediante experiencias repetidas. Tal como plantea Nardone “se nace y se deviene” (2020) en el sentido de que la interacción constante entre predisposición natural y experiencia, es una característica emocional de cada persona, lo que llamamos la sensibilidad. Entonces, aunque las emociones primarias (miedo, ira, dolor y placer) sean universales y estén presente en cada ser humano, su expresión cambia según sea su aprendizaje adquirido. En otras palabras, los mecanismos perceptivos-emocionales son universales, pero su activación-regulación cambia en cada sujeto a partir de las experiencias reiteradas.



Al hablar de la idea de gestionar las emociones debemos tener en cuenta que lo que las desencadena no son las sensaciones puras, sino las percepciones de la realidad interna y externa al individuo. Así es como la percepción anticipa la emoción, las cuales una vez activadas retroactúan en la percepción misma, alterando su funcionamiento. Percepción y emoción interactúan de modo interdependiente.


William Shakespeare decía “el loco es aquel que quiere expulsar su propia sombre y se pierde dentro de ella”. Esta frase es una forma de representar lo que le sucede al marino cuando, en vez de hacerse amigo del viento que empuja las velas, intenta controlarlo y reprimirlo. Es necesario aprender a aceptar, gestionar y orientar nuestras inevitables reacciones emocionales transformándolas de presuntos limites en manifiestos recursos.

Lo primero que necesitamos hacer para que convirtamos las emociones en competencias que nos garantizan, no solo la supervivencia, sino que también nuestra felicidad, es la habilidad de permitirlas o evitar oponernos a ella. No solo porque sería como querer frenar la crecida de un rio empujando el agua con las manos, sino porque dejar que se expresen hace que fluyan naturalmente sin exacerbarlas o transformarlas, como sucede en cambio cuando tratamos de reprimirlas o controlarlas. Hacer que emerjan sin oponerse a ella, no significa ceder a ellas pasivamente, sino que secundarlas a su curso para utilizar su fuerza en su sentido constructivo.


Para gestionar las cuatro emociones básicas debemos entonces invitar a nuestros pacientes a:

  1. MIEDO Es la emoción más potente porque conecta con el instinto de supervivencia. Este debe valorarse como recurso y no como límite. Para gestionar esta emoción la persona necesita enfrentar lo que teme.

  2. PLACER Fuente de vida. Para gestionarlo necesitamos permitirlo regularmente. Las investigaciones actuales muestran que las patologías cuya emoción primara es el placer, se logran regular mejor concediéndolo, es decir, “si te lo concedes puedes renunciar a ello; si no te lo concedes será irrenunciable” (Nardone, Verbitz y Milanese, 1999). Siguiendo la indicación de concederse el placer en espacios y modos planificados, el sujeto descubre que puede gestionar lo que antes le parecía irrefrenable.

  3. DOLOR Para gestionar el dolor es útil la regla de Robert Frost: “si quieres salir de él debes pasar por el medio, tocando el fondo para salir a la superficie”. La idea es aceptar una cita diaria con el dolor, ya que el sufrimiento deja gradualmente de ser una tortura para transformarse en una experiencia catártica donde encauzar el dolor lleva a resultados fortificantes. La emoción primaria del dolor desempeña la función de curación, además que nos advierte de alguna cosa que debiéramos defendernos.

  4. IRA Es una respuesta frente la frustración o una condición que se crea entre lo que deseamos y lo que realmente sucedió. Su función vital consiste en permitirnos liberar un potencial de acción hacia una dirección que nos permita dejarla fluir sin provocar daños, pero gestionando la necesidad a la base.

Recordemos además que para gestionar las emociones debemos usar un lenguaje sugestivo, evocaciones y experiencias concretas desde lo natural, sin pensamiento formalizado. Si utilizamos un lenguaje de explicaciones racionales y razonamientos lógicos nos será posible ingresar donde estamos intentando ir.




BIBLIOGRAFIA

Nardone, G., Emociones. Barcelona, Herder, 2020

Nardone, G. Verbitz, T. y Milanese, R., Le Prigioni Del cibo. Vomiting, anoressia, Bulimia: la terapia in tempibrevi. Milán, Ponte alle Grazie, 1999 [trad. Cast.: Las prisiones de la comisa: vomimting, anorexia, bulimia, Barcelona, Herder, 2011]

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