¿Es posible gustarle a todo el mundo? - Parte 2

En el articulo anterior, presentamos 2 patrones relacionales que se repiten en personas que intentan constantemente complacer a otros: el insano altruista y la prostituta relacional, y planteamos cómo estos guiones relaciones se van instalando y se convierten en problema principalmente en el área laboral y de relaciones interpersonales.


En lo laboral, el miedo que más aparece es que en este afán de la persona de dejar a todos contentos, corre el riesgo de paralizarse, entonces no logra tomar decisiones y, paradojalmente, termina desagradando a todos. En el ámbito afectivo, el insano altruista estructura relaciones donde el otro, en un acto de complementariedad, se transformar en un “egoísta patológico”, se vuelven personas acostumbradas a tomar y no dar. Paradojalmente, en el momento en que el insano altruista intenta reducir su entrega, del otro lado hay una reacción de molestia porque está acostumbrado a tomar ya que había alguien que constantemente daba.


Con la prostituta relacional ocurre que el guion parece tener éxito: la persona se vuelve efectiva a secundar a la pareja, nunca decir que no, ser siempre amable, ser perfecta, y esto funciona, la relación es exitosa. Sin embargo, parece funcionar porque en realidad se vive una situación completamente contradictoria ya que la persona vice que por un lado es querida, amada, deseada, y al mismo tiempo siente que es no querida por lo que es, sino que por lo que hace. Entonces, mientras más aprobación logra por su hacer, más se confirma que esta aprobación no la puede conseguir en virtud de su ser, por lo tanto esta pauta de aparente éxito, lleva a que la persona se sienta terriblemente sola porque se da cuenta de que este amor se ganó con esfuerzo, con continuas acciones agotadoras, y en realidad, este guion no funciona. Entonces en un esfuerzo grande de darlo todo terminan encontrando parejas disfuncionales que se “aprovechan” o personas que las rechazan porque quien no se da valor a si mismo es difícil ser visto como una persona de valor por los otros.


Para modificar estos patrones relacionales y que exista una interacción más sana se sugieren dos ideas:


1. Correr el riesgo de ser uno mismo y ver qué pasa: hasta que la persona no se muestra con su “color” o no puede decir un “pequeño no” o hacer valer sus razones o mostrarse incluso con sus defectos, no llegará a descubrir que puede ser amada y aceptada por como es. Es imposible gustarle a todos, para agradar a todo es necesario “castrarse”, entonces se debe aceptar que no se va a gustar a todos y esto, incluso, podría ser un cumplido porque hay personas a las que no me gustaría gustarle y también hay personas que a mi no me gustan y que creo que no les gustaría que a mi me gustaran. Al aceptar esta idea, es posible empezar a correr el riesgo de mostrarse realmente como es.

Cuando existe este miedo, la persona no puede mostrarse de golpe 100% como es, entonces puede hacer pequeños cambios, por ejemplo, dar una opinión light de algo poco importante, de un libro o película que le gustó o no le gustó y se expone en esta opinión mirando qué respuesta dan los otros, si la miran como alguien desagradable o, al revés, la ven como alguien interesante, capaz de dar opiniones.

Al ver que es posible dar opiniones que pueden ser contrarias a las de otros, es posible empezar a refutar algunas ideas cuando todos están acostumbrados a que la persona esté siempre de acuerdo. Empezar con pequeñísimos pasos a estar un poco menos disponible, empezar con los “quiero pero no puedo”, decir los “no” que no dan tanto miedo ya que permiten descubrir que es posible decir un pequeño “no” y no se pierde la relación, incluso la otra persona puede estar más atenta y se puede empezar a equilibrar la relación. Por ejemplo, si se está siempre disponible para la amiga que llama todas las noches, empezar a no responder de inmediato, quizás responder más tarde o a la mañana siguiente; después alguna vez poder decir “me gustaría hablar pero ahora estoy ocupada”, esto incluso genera que la amiga pregunte y se equilibra la relación, entonces no es solo un dar y dar sino que un dar y recibir poniendo en equilibrio la relación.


2. Lo primero es darse valor a si mismo, es decir, si yo soy una joya y me comporto como bisutería, los otros me trataran como bisutería; si me comporto como joya que es valiosa, que me valoro y que da valor a los otros, muestro lo que valgo. Entonces hay un trabajo a hacer de dar valor a si mismo desde todo punto de vista. Esta desvaloración involuntaria viene percibida y lleva a la persona a no ser deseada, entonces se debe empezar a cultivar la joya. Si la persona no se siente segura de alguna característica suya, puede ejercitarla pero también iluminar otras, entonces lustrar la joya y dejar de mostrarse como bisutería.



Es fundamental adquirir la capacidad de distinguir qué comportamiento es importante para la persona y cuál lo es para los otros. Si todo comportamiento frente a todos los publicos tienen el mismo nivel de importancia, probablemente se está buscando el reconocimiento de los demas. Si la persona se enfoca en su desempeño, no toda condicta tendrá la misma valoración. En cambio si se preocupa de todas por igual, significa que el foco está en la valoracion de los otros, no en la performance en si.


Tenemos que saber que somos siempre responsables de nuestras pautas relacionales. Responsabilidad tiene que ver con tener poder, si yo soy responsable de mis relaciones significa que tengo el poder de cambiarlas o mantenerlas, de desarrollarlas o cortarlas y precisamente esto es fundamental en terapia: ir trabajando en la responsabilidad o agencia personal de cada persona.



*Articulo basado en entrevista a Roberta Milanese, psicóloga asociada al Centro de Terapia Estratégica de Arezzo


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