Las expectativas ¿amigas o la peor enemiga?


¿Te ha pasado sentir que estás avanzando perfecto en un proyecto y de repente las cosas empiezan a trancarse?, ¿o que tienes todo organizado y un hijo se enferma, un familiar necesita tu ayuda, además se rompe una cañería de tu baño y toda tu planificación va desapareciendo de la agenda? Entonces el buen ánimo, motivación y entusiasmo con el que comienzas a trabajar, empieza a desvanecerse y puede comenzar a aparecer la sensación de desgano y pensamientos de que las cosas no van a resultar y “nunca” vas a poder sacar este proyecto tan importante.

Como psicólogas, siempre nos han enseñado que es importante escuchar y ajustar las expectativas del otro, ya sea del asistente a mi programa, o del consultante o cliente, sin embargo ¿qué pasa con mis propias expectativas?, ¿cómo están mis expectativas frente a los avances que voy teniendo en mi proceso?, ¿son realistas las expectativas que me estoy poniendo?

Este no es un tema muy conversado, sin embargo las expectativas sobre los resultados de lo que estamos haciendo, son tan importantes como las de nuestros clientes y, muchas veces, lo que nosotros esperamos es mayor de lo que realmente estamos pudiendo abarcar, por eso es fundamental tener claro nuestras fortalezas y ser realistas en cuanto a nuestro contexto.

Entonces, cuando sientes que las cosas no están resultando como esperas, es muy útil preguntarse:

  • ¿Cuáles son mis expectativas respecto a lo que estoy haciendo?, ¿qué quiero conseguir con esto?

  • ¿Con cuánto tiempo cuento para hacerlo?

  • ¿Cuáles son los pasos a seguir para lograrlo?

  • Si no está resultando como quiero, ¿cuál es la razón por la que no logré cumplir esta tarea?

  • Lo que me impidió cumplir con mi plazo, ¿fue un imprevisto o es algo que siempre ocurre?, es decir, ¿fue algo particular o es algo que es parte de mi rutina?

Esta última pregunta es muy importante ya que si fue un imprevisto lo que interrumpió los planes, probablemente es algo que no se repita, sin embargo, si es algo que es parte de tu rutina, por ejemplo, dar de comer a tu hijo todos los días a cierta hora, es fundamental incluir esto en tu planificación de tiempo, entonces sería importante revisar cuánto tiempo le estás dedicando a cada cosa.


Finalmente, y posiblemente lo más importante, nunca olvides preguntarte: ¿son realistas mis expectativas? Y este punto considera los tiempos, las tareas a realizar, tus fortalezas, tus conocimientos, la organización familiar que se requiere y todo lo que es importante para ti en tu vida y que no quieres dejar de lado.

Cuando tenemos nuestras expectativas claras y, además, son realistas, cualquier plan que tengamos empieza a fluir sin mayores problemas, por eso te invitamos a dedicarle tiempo a esto antes de comenzar cualquier proyecto.

Y si ya estás en tu proyecto y te sientes estancada, puede ser el momento de detenerse, respirar hondo y comenzar a pensar en tus propias expectativas trabajando en ellas de forma realista.

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