¿Cómo facilitar el duelo que está navegando mi paciente?

Todos sabemos que verse enfrentado a la muerte de un familiar o ser querido se hace tedioso ya que, sin querer, entramos en un proceso cargado de tristeza, rabia, incomprensión, enojo, impotencia, y una labilidad emocional importante. Entonces lo primero que se nos viene a la cabeza es ¿cómo puedo salir de este estado tan incómodo? Y ahí es cuando, a veces, algunas personas deciden acercarse a pedir ayuda terapéutica.


Y ¿qué debemos hacer nosotros como profesionales de la salud mental entonces, cuando recibimos a una persona que se encuentra cursando un duelo? A continuación, dejamos algunos tips:


Permitirse estar en duelo: transmitir que este proceso se vive con tristeza y dolor.


Normalizar y despatologizar: algunos de los fenómenos que son normales en los procesos de duelo (fenómenos de presencia, sentimientos de irrealidad) pueden provocar miedo a que sean señales de que la persona se está trastornando. Es importante determinar qué etapa podría estar cursando la persona y reflejar la sintomatología acorde a dicha etapa.


Facilitar la expresión emocional creando las condiciones adecuadas para ello. Cuidar

la proximidad y los silencios.


Validación de aquellos sentimientos contradictorios que suelen aparecer: los sentimientos no tienen una cualidad de “buenos” o “malos”, sólo son lo que la persona puede sentir en un determinado momento. Con el tiempo, y a medida que el dolor disminuye, irán desapareciendo. Pueden aparecer sentimientos contradictorios ante la alegría ajena, todas aquellas “malas” personas que siguen vivas, las personas muy ancianas, los que no han perdido hijos, todo aquel que esté relacionado con las circunstancias de la muerte.


Estar concientes de nuestra propia afectación emocional.


Dar un sentido al dolor: “esa pena que sientes hoy, ese profundo dolor y tristeza, esas lágrimas que tanto has derramado, lo que hacen es honrar el amor que sientes hacia esa persona… cada lágrima es como una velita que pones en el altar de Juanito”.


Aliviar exigencias como “debes ser fuerte”, “tienes que olvidar”: el dolor, con sus altibajos, dura mucho más de lo que la sociedad en general reconoce. Es necesario ser paciente y amable con uno mismo y no exigirse dar más de lo que se puede dar. No hay ninguna obligación de “ser fuerte". Lograr estar mejor no sucede mágicamente. Una muerte no se olvida, más bien se aprende a vivir de una manera diferente sin esa persona.


→ De ser posible, aplazar decisiones importantes: En estos momentos puede sentirse confundido incluyendo todos los sentimientos que acompañan al duelo, por esto es mejor tomar las decisiones importantes cuando se sienta mejor.


Transmitir la importancia de las diferencias individuales y los ritmos propios: el duelo requiere tiempo. Esto, a veces, no es tan obvio ni para el superviviente, ni para las personas de su entorno. Puede ser que después de un tiempo, la gente comience a decir que ya debería sentirse mejor, y empezar a presionar para que recupere algunas de las actividades previas antes de que se esté preparado para ello. Los tiempos son propios y diferentes en cada persona.


Favorecer la expresión en otros contextos: en su grupo familiar, amigos cercanos, redes sociales, etc.


Anticipar mayor vulnerabilidad en fechas importantes: los aniversarios del nacimiento y muerte, las festividades religiosas, vacaciones, fiestas o momentos especiales que vivió con la persona, son los momentos de mayor estrés, angustia y desorientación. Es importante que en esos días la persona pueda darse permiso para respetar lo que siente, sin estar pendientes si los demás se molestan por no aceptar lo que ellos suponen que se debería hacer. Sirve vivir estas experiencias con el grupo familiar y reservar algún momento del día para nuestra intimidad.


No llevarlo a ver las ventajas de lo sucedido, “el lado positivo”.


Evaluar necesidad de derivación psiquiátrica: en los casos en los que aparece sintomatología psicótica y prolongada en el tiempo, ideas de suicidio o cuadros depresivos clínicos está indicado

el tratamiento de estos cuadros.


Sabemos que no es fácil acompañar a una persona que está pasando por un periodo de dolor, caracterizado por altos y bajos, donde el avance puede ser lento, pero como todo proceso, hay comportamientos que facilitan el curso de éste, como otros que lo detienen y congelan. Por lo mismo, debemos fomentar y ayudar a que las personas puedan transcurrir por este oscuro túnel de la manera que más les ayuda para su salud mental.

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