¿Cómo hacer las mejores preguntas en psicoterapia?

Ser capaces de hacer preguntas se relaciona con la capacidad que tenemos las personas para resolver y crear problemas. Si no hiciéramos preguntas no tendríamos la información para hacer ciertas cosas y con esto nos referimos tanto a las preguntas hacia a otros como a nosotras mismas.

De acuerdo a lo que plantea Stefano Bartoli, terapeuta del CTS de Arezzo, en el momento en que hacemos una pregunta creamos tres efectos pragmáticos en la comunicación:

  1. Ponemos al otro en el centro de la atención: hacer preguntas es interesarse por el otro. En el momento en que hacemos preguntas iniciamos un intercambio en el que mostramos interés en otra persona y esa persona da un feedback que, al mismo tiempo, muestra interés en mi. Va siendo un intercambio que genera efectos de uno con otro.

  2. Me intereso en el otro, en su opinión y en lo que piensa: incluso las preguntas rutinarias crean esta dinámica. La mayoría de las veces, en el momento en que interactúo con otro, naturalmente instauro un contacto a través de una pregunta, por ejemplo, al saludar se suele preguntar “¿cómo estás?”. Entonces en el momento en que me intereso por otro, espero una respuesta, y la respuesta del otro demuestra interés en mi, con lo que vamos creando una interacción.

  3. Se orientan hacia las soluciones, hacia las reflexiones, o pueden inducir problemas: las preguntas crean problemas y también llevan a las soluciones. La mejor forma de persuadir a una persona es haciendo preguntas y esto se hace fundamental cuando estamos llevando un proceso de terapia. La capacidad de diálogo interno conmigo misma o con otro, de dar soluciones a situaciones donde estamos bloqueadas y de tener capacidad de negociación, todo coincide con saber hacer preguntas. La calidad de las interacciones interpersonales está muy relacionada con la capacidad de hacer ciertas preguntas.



Es fundamental tener claro que hacer preguntas coincide siempre con obtener cierto tipo de respuestas, es decir, si no me gusta la respuesta que obtengo, debo saber recalibrar las preguntas, ya que va a depender de estas, el tipo de respuestas que me lleguen. No se debe juzgar la respuesta sino que la pregunta: cómo la hice, cuándo la hice y de qué forma la hice, porque de esto va a depender el tipo de respuesta que obtenga. Es interesante destacar que el 46% de nuestra actividad cerebral es a través de preguntas, entonces cambia mucho si nos hiciéramos preguntas más estratégicas, es decir, que buscan un objetivo de forma eficaz y eficiente.


Tenemos que calibrarnos en hacer preguntas, ajustarlas al timing y usar las palabras indicadas de acuerdo a la información que estoy buscando, tienen que tener un objetivo a nivel práctico y también a nivel de relaciones ya que la capacidad de crear relaciones con otros está dada por la comunicación, entonces, está dada por el tipo de preguntas que hacemos, por cómo las construimos ya que con esto se van generando reacciones.


Cuando en terapia vemos que hay un bloqueo, es útil empezar a hacer preguntas distintas, mover la atención traduciendo todo a la forma de preguntas porque es la mejor manera para desarrollar la flexibilidad. También debemos poner atención en la elección de las palabras que usamos ya que estas orientan el significado, es decir, según las palabras que elijo crearé efectos y realidades nuevas. Entonces para ayudar en el cambio de una persona no se deben dar respuestas, se deben hacer preguntas con las que la persona se involucre en encontrar una respuesta.


Las preguntas complicadas (con muchos elementos, muchas palabras) no son buenas preguntas ya que las que realmente ayudan son simples. Nuestra mente obtiene resultados si está focalizada, entonces si en una pregunta ponemos muchos elementos a evaluar, nuestra mente comienza a fragmentar y dar “pedazos” de respuestas dando una respuesta genérica y superficial, o responde solo una parte de la pregunta. Entonces para resolver esto siempre debemos preguntarnos “¿cómo hago más simple mi pregunta?” y hacerlas una a una ya que al hacer varias preguntas a la vez, es imposible responderlas todas y terminamos perdiendo información.


Existen muchos tipos de preguntas: abiertas, cerradas, con ilusión de alternativas, presuposicionales, directas, indirectas y un largo etcétera, cada una genera una respuesta diferente que puede aportar o no al camino que vamos construyendo en terapia. Ahora la invitación es a que pongas atención a qué preguntas te haces, cómo funcionas en tu diálogo interno, ya que la mejor forma es entrenarnos en hacer buenas preguntas en terapia es comenzando por nosotras mismas.

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