Creencias limitantes y potenciadoras, ¿con cuáles quieres trabajar?

Las creencias son normas de vida, “reglas para vivir”. Pueden ser liberadoras y potenciadoras, es decir, que permiten lograr objetivos y vivir acorde a los valores propios, o pueden ser limitantes en el sentido de transformarse en obstáculos que llevan a creerse incapaz de lograr lo que se quiere. Son principios de acción, por lo tanto, es importante fijarse en lo que HACE una persona más que en lo que dice, ya que sus acciones estarán hablando de sus creencias. Cada relación, cada posibilidad que se abra o cierre, cada capacidad de las personas, están modeladas a partir de la creencia que la persona tenga.


Se construyen a partir de las experiencias previas y luego se actúan las creencias como si fueran una verdad absoluta, por ejemplo, si una persona cree que es simpática, actuará como una persona simpática, lo mismo que si piensa que es una persona tímida, actuará de esta forma. Son profecías autocumplidas.


Lo más importante de todo esto es que las creencias se pueden modificar, por lo tanto, se puede elegir en qué creer, entonces en terapia podemos trabajar con creencias que construyan o destruyan, dependiendo del objetivo que nos planteemos.


En relación a las creencias potenciadoras, hay algunas premisas clave:

  • Convierte en temporal cualquier creencia negativa y convierte en permanente cualquier creencia positiva.

  • El aprendizaje está en la acción. Desde la acción viene el cambio, no desde la comprensión intelectual.

  • No hay fracaso, solo hay aprendizaje. El fracaso es un juicio respecto a los resultados a corto plazo, entonces no haber alcanzado un objetivo, significa que no se ha alcanzado todavía (esta palabra es fundamental). No se puede decir que haya un fracaso a menos que se abandone lo que se quiere, y eso es una elección, no un padecimiento.

  • Cada persona tiene todos los recursos internos que necesita y si no los tiene, puede desarrollarlos. Debemos iluminar los recursos internos de las personas con las que trabajamos, todos tienen recursos, solo necesitan ser iluminados.

  • Todo comportamiento tiene un propósito. Todo lo que hacemos tiene una finalidad y es útil saber cuál es para elegir si seguir haciéndolo o no.

  • El paciente tiene todas las respuestas. Las personas que vienen a terapia son los expertos en sus vidas, por lo tanto es ahí donde se evalúa lo que necesitan, sus objetivos, lo que quieren conseguir de la terapia. Nosotras, en el rol de terapeutas, sabemos de psicología, de cómo ir acompañando en este camino.

Las creencias limitantes suelen estar tan arraigadas en las personas que ni siquiera notan que son obstáculos autoimpuestos. Vienen desde nuestra historia, de la información que consumismos, desde la educación que recibimos, por lo tanto parecen tan naturales que, muchas veces, ni siquiera se cuestionan. Generalmente cuando preguntamos “¿qué te impide alcanzar tu objetivo?” aparecen en todo su esplendor.


En terapia se pueden ir identificando y poniéndolas a pruebas a través de preguntas, por ejemplo, podemos decir: estas creencias que nombraste sólo son ciertas si actúas como si fueran ciertas… supongamos que fueran falsas, ¿qué sería diferente? ¿te la quieres jugar por esa diferencia?


Para alcanzar cualquier objetivo, el paciente necesita creer que es posible alcanzarlo, que tiene la capacidad de hacerlo y que se lo merece. Las creencias limitantes van en contra de estas tres ideas, por lo tanto, no permiten avanzar.


Entonces en cualquier proceso de terapia, al plantear el objetivo a trabajar, es fundamental mirar con las personas sus creencias asociadas e ir modificando tanto el objetivo como las creencias hasta que la persona realmente piense que logrará alcanzarlo porque tiene las capacidades y porque se lo merece. Durante el proceso terapéutico puedes ir evaluando constantemente estos tres puntos para ir calibrándote con tu paciente y avanzar de una forma más fluida a lo largo de la terapia.

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