¿Cómo trabajar con el Síndrome del Impostor?

¿Conoces el síndrome del impostor? Este es el nombre que se le da a la sensación de, a pesar de ser exitoso en el trabajo, familia, estudios, o lo que sea, la persona lo vive con la sensación de que no es muy real y el temor de que en algún momento los demás se van a dar cuenta de que es un “impostor”, que todos estos logros fueron solo suerte y no la consecuencia de su propio esfuerzo y trabajo.


En la consulta aparecen muchas personas con esta sensación, lo que los aproblema ya que, finalmente, si uno mismo no logra darse cuenta de sus logros, aunque los otros se los muestren y lo feliciten, no se los tomará como reales. La persona, de hecho, puede tener muchos refuerzos positivos que, si bien calman a corto plazo, es la misma duda la que hace descartar esas voces externas e incluso cuestionarlas. Por ejemplo, un trabajador que puede ser admirado y halagado por los compañeros, con una buena evaluación de desempeño, una buena o cercana relación con la jefatura, igual puede dudar e incluso cuestionar la veracidad de esos halagos ("lo dicen porque les caigo bien, lo dicen por que llevo años en la empresa, es pura diplomacia").

Cuando aparece esta sensación de no estar a la altura o de no ser capaz de hacerlo tan bien como uno cree, y se intenta combatir esa realidad, la persona termina creando la realidad que después padece. Es decir, la persona se percibe como incapaz en su relación con otros y reacciona intentando controlar la percepción que otros tengan de ella, lo que es imposible, entonces renuncia a esta idea de control generando un circuito que va manteniendo este problema. El esfuerzo por intentar estar a la altura de las expectativas es agotador, además que finalmente el logro o el éxito se atribuye a factores externos, lo que deja a la persona sin posibilidad de maniobra sobre sus resultados. Finalmente aparece una mezcla entre miedo y angustia.


Entonces ¿qué hacer? A nivel terapéutico es muy útil comenzar a crear una “aversión al esfuerzo”, es decir, ir redefiniendo este extremo esfuerzo constante por estar a la altura como la causa del mismo problema ya que, finalmente, mientras más la persona se esfuerza por estar a la altura y “aparentar” que hace todo bien (a pesar de que efectivamente si no se esforzara tanto también haría las cosas bien), más se va generando un agotamiento y termina siendo percibido por los otros como una actuación, entonces termina cumpliéndose su profecía de no ser suficiente ya que requiere actuar todo el tiempo.


Al mismo tiempo hay temor al rechazo de los otros, por lo tanto es muy útil que la persona vaya a buscar un “pequeño no”, es decir, como la persona teme al rechazo de otros y lo evita, debe exponerse a esto para inmunizarse, entonces la propuesta es que cada día vaya a hacer o decir algo intencionado donde sabe que recibirá un “no” como respuesta, de esta forma comprueba vivencialmente que no pasa nada si recibe una negativa y comienza a disminuir este temor al rechazo. Además la persona comprueba que hay opciones, le pueden responder “si” o “no” y, muchas veces, aunque no se lo esperaba, la respuesta será positiva, lo que lo sorprende y va generando un cambio en la percepción. Por ejemplo se puede dar la tarea de que cada día le pregunte a alguien si puede cocinarle el almuerzo; probablemente recibirá varios “no”, incluso algunos “si”, lo importante es atreverse a hacerlo y tolerar las respuestas negativas.


Es importante entender que el síndrome del impostor implica un boicoteador interno, una vocecita que insiste en decir “no te lo mereces, no eres suficiente, ¡se van a dar cuenta de que eres un fraude!”. A pesar de entender que esto no es real, la persona debe vivenciarlo para lograr un cambio real, por eso es tan importante crear esta experiencia emocional correctiva para que allá un cambio en su percepción y, consecuentemente, lo habrá en su reacción.

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