Pacientes difíciles… ¿qué hacer?

A nuestra consulta llegan todo tipo de pacientes, los que vienen de visita, los que vienen a buscar un certificado, los que son activos y comprometidos, y también están los “difíciles”, que por lo general desafían nuestras intervenciones, a nosotros mismos y, normalmente, son pacientes que generan altos niveles de resistencia: resistentes frente a nuestras intervenciones, frente al encuadre, en definitiva, con poca disposición a colaborar.


A continuación, compartimos cinco ideas respecto a qué hacer para maniobrar en estas aguas:


  1. Tareas de automonitoreo: Dar tareas donde el paciente debe automonitorear sus logros, con poco esfuerzo de parte del terapeuta (ej: no revisar si completó su tarea.), ya que es el paciente quien debe buscar asistencia si lo necesita.

  2. Postura no defensiva: Mantener una posición calmada y no “enganchar” con la resitencia.

  3. Intervenciones no directivas: Usar técnicas que eviten la confrontación para dejar de ver la relación paciente-terapeuta como tan asimétrica. Es de mayor utilidad el uso de la reflexión en vez de la clarificación, conocimiento de sentimientos, reflejos, ya que estos últimos suelen causar rechazo, o simplemente no “entrar”. Para evitar conflictos, hay que darles tiempo, mantenerse con calma, pero no dejar de mostrarse involucrado. Hablar poco puede verse como desinterés o poca eficacia, pero empodera y fuerza al cliente a mantenerse activo.

  4. Intervenciones paradójicas: Consiste en reformular la resistencia de modo positivo y prescribirla, de modo que si el paciente se opone a su realización deja de utilizarla, logrando así un pequeño avance, o si la sigue, se pone bajo la "dirección" del terapeuta, empoderando su rol orientador. Por ejemplo: animarlo a ir más lento o prescribir un periodo sin cambios, para así exagerar los síntomas de modo que se tenga una mejor perspectiva de lo que el paciente hace. Podemos decir: “No estás listo para hacer cambios aún, debieras esperar hasta que seas más fuerte y seguro de ti mismo.” El decirles que no pueden lograrlo, hace que pongan más fuerzas en tener cambios.

  5. Acoplarse al lenguaje del paciente: Se refiere a utilizar palabras, modismos y/o disposiciones que nuestros pacientes normalmente usan, para lograr empatía y crear vínculo. Un ejemplo de esto es cuando estamos ante pacientes que vemos que responden negativamente ante nuestras intervenciones. Una estrategia de gran utilidad es comenzar nuestras frases usando expresiones negativas, ya que con esto no habrá nada contra lo cual haya que oponer resistencia, por lo que ambas partes pueden estar menos tensas, relajarse y entenderse mejor.

Te invitamos a desafiarte con aquellos pacientes que te resultan más difíciles. ¿Cuál de las estrategias anteriores te acomoda más para ensayar hoy?

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