¿Sabes qué caracteriza los procesos de duelo?

Motivo de consulta que nos toca el timbre de la consulta más de lo que quisiéramos, y por lo mismo, es un tema al cual le dedicamos tiempo, estudio, practica y supervisión, entre otros. También ha sido un tema que hemos desarrollado entre nuestros artículos desde distintas perspectivas y focos de trabajarlo en psicoterapia.


Dentro de los temas desarrollados, podemos encontrar como plantea la terapia narrativa trabajar el duelo, también abordamos los mitos y creencias que interrumpen su curso y la importancia de las relaciones interpersonales dentro de estos procesos. Además nos hemos detenido en las estrategias específicas para apoyar a padres y madres cuyos hijos han perdido a su padre o madre, como también entregar herramientas concretas a las terapeutas para saber cómo facilitar el duelo que está navegando su paciente en el momento de consulta.


Hoy nos queremos detener a mirar ese cómun denominador que comparten los distintos tratamientos de duelo, desde nuestra experiencia clínica, que tiene que ver con acompañar al otro a transitar por ese mar oleado que es diferente para cada persona, que va variando en el tiempo, y cuya duración difiere de sujeto en sujeto, sin embargo, tiene un principio y un fin, donde la persona aprende a vivir en bienestar con la ausencia del ser querido.

Ahora bien, vivimos en una sociedad cuya cultura imperante es la ausencia de dolor y displacer, donde existe una tendencia a diagnosticar y considerar la presencia de emociones complejas como patologías y donde se busca eliminar toda sensación displacentera.


Desde ahí, se hace difícil comprender y tolerar, como sociedad, el dolor natural que produce la pérdida. Este es un PROCESO natural, no es un problema, ni patología, sino que una respuesta o reacción normal y esperable del cuerpo frente al cambio/perdida. Eso es lo primero que necesitamos comprender como terapeutas para acompañar a nuestros pacientes y no sobre intervenir en este proceso natural de recuperación y sanación, donde generalmente se tiende a apresurar. Debemos tener presente que un duelo normativo es distinto a un duelo patológico y, en ese caso, lo que se espera de nosotras como profesionales también es distinto a nivel de intervención. Al existir un duelo patológico la persona se encuentra desbordada y recurre a conductas desadaptativas o permanece en este estado inacabablemente sin avanzar en el proceso del duelo hacía su resolución (Horowitz, 1980)

Entonces ¿cómo acompañar de la mejor manera posible a un paciente en su duelo natural?

  • Escucha activa. ¿Parece super obvio o no? Para poder acompañar asertivamente a cada paciente necesitamos estar muy atentas ya que el duelo se manifiesta de distintas formas, por distintos canales de expresión de la persona; también depende del nivel de sensibilidad propia de cada paciente y del momento de vida en que se encuentra. Y Según esto, lo que va necesitando elaborar o reformular, por lo tanto, lo que va necesitando de nosotras como terapeutas.

  • Psicoeducar, con el fin de normalizar y mostrar que esto tiene principio y fin. Ahora bien cada camino es particular para cada uno.

  • Anticipar la variedad y distinto tipo de sintomatología esperada. Puede que ocurra o no y cualquier caso está bien.

  • Validar su emoción y ayudar al paciente a gestionarla. El duelo activa una serie de emociones “nuevas”, estas tienen la función de mostrarnos como reaccionar frente la situación. Como terapeutas necesitamos acompañarlos en esta escucha activa y contención de sus distintas emociones. En muchos casos, sucede que la persona se sienta distinta a como era antes emocionalmente, en el sentido que se siente cambiante, no tan estable como antes. Poder acoger esta “montaña rusa de emociones”, normalizar, y poder ir leyendo las distintas necesidades a la base.

  • Enseñarle a pedir ayuda o cuidarse en las áreas en que ahora se encuentra solo y necesita ir a cubrir, en caso de ser necesario.

  • Anticipar días difíciles como aniversarios de muerte, cumpleaños, días significativos.

  • La presencia de emociones difíciles como tristeza, culpa, irritabilidad, confusión, entre otros en determinados momentos son indicadores de que se está cursando el duelo y nosotras debemos invitar a nuestro paciente a transitar por ahí (existen distintas tareas para esto que son formas sanas de transitar la tristeza).

  • En la medida que el paciente avanza en su proceso de duelo, también le va otorgando un sentido a su perdida, la resignifica, aprende a vivir con esto desde un lugar donde ya lo acepta (transcendencia, espiritualidad).

La buena resolución del duelo no se mide por la capacidad de manejar la sintomatología, sino que por el aporte de los síntomas al crecimiento emocional, es decir, a la transformación que tiene la persona después de cruzar este doloroso rio.

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